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  • Toni Navarro

Ese amor por el fútbol que le inculcaron a Bizcocho, “una pasión que solamente termina con la vida”

Actualizado: 30 ago 2022

Eran otros tiempos. Para empezar, llovía. Los campos se embarraban y los futbolistas calzaban botas negras. Las marcas deportivas todavía no se habían adueñado del deporte: Adi Dassler estaba vivo y Niké seguía siendo la diosa griega de la victoria, capaz de correr como una centella sin cámara de aire. Los uniformes eran banderas sin anuncios. La del Real Betis, verdiblanca. verdiblanca las medias, blanco los pantalones y béticos la camiseta. Ropa interior como la de tantos españoles (el slip sólo era opción para los superhéroes), de no ser por el escudo bordado en el pecho, combinación de hilos dorados y púrpura.


Fotografías: Toni Navarro

Hubo un tiempo, no tan lejano, en que ese escudo con corona imponía tanto respeto en los enemigos como las estrellas de un general. Y fue en esos tiempos de lluvias, de calzones largos y camisetas de algodón cuando Francisco Bizcocho (Coria del Río,22 de enero de 1951) fichó por el Real Betis. Año 1964, primero de la Revolución Beatles. “El gusto por el fútbol nace desde la edad de 5 años, los inicios fueron a la edad de 7 u 8 años jugando en la calle, donde me críe. Desde pequeño me gustó el fútbol. Las habilidades son cosas innatas o por cosas de genes. Más tarde estando jugando el trofeo Hipólito Lobato en Coria del Río, me llevo Manuel Infante al Betis, fue quien hizo las gestiones para ingresar en la cantera bética, ese día Manuel no pudo venir con nosotros, y Rogelio Curiel fue que nos acompañó a la secretaria para firmar, esta entonces estaba ubicada en la calle Alemanes”.


No eran tiempos fáciles para nadie, todo lo contrario, y al fútbol se llegaba desde la precariedad y el esfuerzo familiar. No es una excepción el caso de Francisco Bizcocho, cuando con apenas catorce años tenía cuando tuvo que abandonar los estudios para trabajar en la construcción, (Los albañiles), para echar las dos manos. «Había que ayudar porque eran tiempos difíciles y no sobraba. Salíamos de muchos problemas en el país y había dificultades y había que echar una mano», recuerda.


Fotografías: Toni Navarro

De decenas de futbolistas se ha dicho que nacieron para jugar en el Betis, pero con Bizcocho fue pura verdad. Su carácter representa tan fielmente como el de Portu, (52-60) e incluso más, los valores que algunos defienden y otros amoldan a su conveniencia. Bizcocho lo era todo y perteneció, en épocas en las que aún no se había acuñado el término ‘carrilero’, a esa estirpe de laterales contundentes que se hacían dueños de su parcela y de los que miraban con mucha prevención los extremos, tales como el ‘eterno rival’ Curro Sanjosé, el ovetense Carrete, el atlético Capón o el gijonés Cundí. Disputó 285 partidos de Liga, marcando 3 goles, 51 de Copa, obteniendo 1 gol, 5 del Campeonato Andaluz de Reservas, 6 en la Recopa europea y 96 amistosos. Para los béticos es una leyenda, ”Cuando te llevas en un club tanto tiempo y no puedes aspirar a títulos pasa como desapercibido, pero cuando tuvimos la oportunidad de conquistar el título de copa pasa de desapercibido a leyenda, eso queda en los anales de la entidad y aficionados, fíjate lo que supone ganar la primera copa del rey, y nuestros nombres en ella. Y la verdad siendo de los pocos jugadores que hay que solo han vestido una camiseta, aunque estuve a punto de irme al Granada que estaba nuestro querido y admirado Ruiz Sosa, decido quedarme con la familia, aunque hice un intento de jugar en el Coria C.F, donde fueron unos minutos, al final, mi cabeza estaba ya en otro sitio”



Duro. Nadie como él para confirmar que la camiseta del Betis es verdiblanca para que se distinga mejor la sangre. No hubo charco o barrizal que dejará sin explorar. Entonces llovía, hasta dos días seguidos. De ese tiempo es la foto. Bizcocho es un muchacho, pero ya tiene las hechuras pectorales de Charlton Heston. Sus medias pesan dos kilos, pero no se caen, lo que demuestra que el cordel siempre resultó mejor que el elástico. El resto del uniforme es una composición picassiana de salpicaduras, barro y sudor. Y las mangas remangadas, como siempre las llevó. Observarán también que señala algo, quizá al pobre desgraciado que chocó contra él. El sueño se hace realidad. Bizcocho cumplía así su sueño, defender el escudo que tanto amaba. Su progresión era imparable y en 1964, ingreso en los infantiles, tras haberse ejercitado durante 4 años con el equipo Juvenil, Fue uno de los miembros del Triana Balompié juvenil que en 1968 alcanzó el subcampeonato de Copa, donde Todavía conservo un llavero con la fecha de aquel partido que nos regaló Juan Del Nido” daba el salto al Triana, en Tercera División, donde su brillante juego deslumbró al mismísimo Antonio Barrios, por entonces entrenador del primer equipo.” Fue el vizcaíno quien le brindó la oportunidad de debutar en el primer equipo: "Vas a ir para completar el equipo", le dijo Antonio Barrios, por entonces entrenador del primer equipo. “Pero todos los futbolistas hemos tenido un hada madrina y a mí me llegó con la llegada del entrenador Antonio Barrios. Era vizcaíno, tenía otra mentalidad y fue quien me dio el empujón definitivo». En realidad, fueron dos los que me dieron confianza, Esteban Areta primero, y Antonio Barrios después”. El debut en partido oficial se produce el 5 de septiembre de 1971 en el Bernabéu frente al Real Madrid en la jornada inaugural de la temporada 1971-72.


Así fue como Bizcocho se convirtió en uno más, en un vestuario formado por nombres que el bético jamás olvidará: Biosca, López, Rogelio, Campos, Telechia, Benítez, Frigols, entre otros. “Hay una cosa muy clara: yo nací bético. Entonces, el poder jugar en el Betis habiendo sido bético, para mí fue lo máximo. Cuando empezaron los televisores, pues tenía que ir a buscar dónde había uno para poder ver al Betis. Es algo que se lleva dentro.”



Cuando hablamos de futbol, lo primero que se nos viene a la cabeza son esos regates endiablados, esos controles imposibles y esos gestos que rezuman plasticidad, pero no, el fútbol no es solo eso. La técnica es un atributo fundamental, pero no el único de este deporte. Las estrellas, esos virtuosos del balón, copan las portadas de los diarios y reciben alabanzas de los medios por sus genialidades, pero… ¿Qué sería de ellos sin esos “obreros” incansables que corren sin parar durante todo el partido? ¿O sin esos “perros de presa” que siguen al pie de la letra las directrices de sus entrenadores? Porque el fútbol no es solo regatear, asistir y meter goles. “En el fútbol también hay que saber sufrir. Hay que recuperar balones, defender o secar a la estrella rival. Bueno, mucha gente diría que fui un hombre gentil, pero bestial por dentro. Fui un luchador, nunca me di por vencido y siempre intentaba estar al 100 por ciento, sin importar el resultado parcial del partido. Siempre deje todo desde el principio”. En todos los equipos siempre ha habido estrellas, pero esas estrellas no serían tal sin esos “mariachis” que les rodean, esos jugadores “de corazón” que destacan por su despliegue físico o por su rigor táctico. Es un pequeño homenaje a todos esos jugadores que nunca destacaron por su toque, pero que su esfuerzo y pundonor engrandeció a otros. Dicho todo esto se os vendrán a la cabeza un sinfín de obreros del balón, pero he elegido uno que esta semana está en boca de todos, y precisamente por un reconocimiento a sus méritos. “En un campo de fútbol, como en el andamio de una obra, hacen falta dos tipos de personas: los que dicen dónde hay llevar los sacos y los que llevan los sacos. Obviamente, yo pertenezco al segundo grupo.


Pasarán otros cuarenta años y seguirá formando parte del espectro futbolístico como uno de los jugadores más impactantes que se han visto en un campo de fútbol. Si además tocamos a la puerta del Benito Villamarín, cualquiera aficionado –sea o no veterano– se derrite en elogios ante el que consideran leyenda bética, que siente cuando se puso la camiseta verdiblanca "Primero, trato de recordarme cada vez de lo privilegiado que soy, porque cuando uno entra en rutina y lleva seis, siete años jugando para el Betis se puede perder la perspectiva del tamaño del club y de donde estás, porque se convierte en una rutina. De ninguna manera es así. Cada vez que me ponía la camiseta del Betis, en los entrenamientos o particularmente en los partidos, había una sensación de orgullo, una sensación de suerte. Honestamente, es un privilegio haber podido representar a este club en partidos buenos o malos, en momentos buenos o malos, pero el solo hecho de haber sido jugador de este club es algo increíble. Por supuesto con eso no bastaba poder vestir esta camiseta. Por supuesto tienes que jugar bien, intentar que ganar trofeos, esa es fue mi meta, de los compañeros, pero creo que la sensación principal es orgullo".


Todo menos lo que no me gusta: entrenador. Nunca tuve vocación, aunque tengo el título de juveniles. Estuve a punto una vez. Estaba un día reunido con los amigos, estaba estudiando para sacar el otro curso superior y me decían: “Chiquillo, sácate esto”, y yo le decía que no serviría para entrenador. He visto pasar por aquí algunos muy buenos y les han dicho de todo cuando las cosas le han ido mal. Después, levantar la familia y viajar de un lado al otro… No. Por mi manera de ser, además, iba a ser complicado que pudiera llevar un grupo de 25 personas. Me daría pena los que no jugaran”.


Fotografías: Toni Navarro

Bizcocho se convierte de esta forma en un jugador clave en la defensa del Betis durante la década de los 70, llegando incluso a jugar un encuentro con la selección en el Campeonato de Europa de Fútbol aficionado, el 2 de noviembre de 1973 en Santa Cruz de Tenerife contra Grecia. Ese día también jugaron con la selección dos futuros compañeros suyos: Julio Cardeñosa y Alfredo Megido. aquel flacucho se juntó con una generación única en la historia verdiblanca. "El recuerdo que tengo de por vida es el vestuario, ese campo de tierra donde entrenábamos. Los compañeros. Todos éramos chavales jóvenes y éramos íntimos, salíamos juntos todos los días". apunta nostálgico Bizcocho.


Calificar a Francisco Bizcocho de “entrañable” sería injusto, porque ese adjetivo retrata a una persona tierna, blanda, íntima, casi excluyendo cualquier ápice de carácter. Y tú, Bizcocho, eres siempre de los de ‘corto y al pie’, sin complicaciones ni verdades a medias: “Digo más veces vete a tomar por culo que buenos días”. Pero igual era eso lo que te hacía diferente. Un jugador de los de antes, un tipo cercano, siempre de frente: el coriano campechano. pero con esa dosis de humor que endulza hasta el insulto más basto que gustase usted soltar. Con respeto, siempre con el “usted” por bandera. Ya lo, puso como ejemplo, Ángel Haro, «Lo mejor para avanzar es coger lo mejor del pasado. Bizcocho es uno de los mejores jugadores que han vestido la camiseta del Real Betis y es un orgullo que sea desde hoy una de nuestras leyendas. La ubicación de este muro junto al vestuario del equipo no es casual. Queremos que los jugadores vean quiénes son los grandes y tengan un espejo en el que mirarse. Bizcocho representa valores fundamentales en un vestuario: honradez, esfuerzo, entrega, pundonor y el amor por unos colores. "Nuestra historia habría sido otra con muchos jugadores como Bizcocho", dijo. Bizcocho pierde la noción del tiempo, se emociona, apenas puede articular palabras…dos lagrimas resbalan por su mejilla recordando esos momentos: “Para mí ese día fue una gran satisfacción estar con todos los compañeros y con mi familia. Quiero volver agradecer al presidente y a toda la familia bética este detalle que tuvieron tenido conmigo”. La relación de todos lo que formaban aquel equipo del Betis que perdura en los años. “Nosotros éramos como una familia. Salíamos del entrenamiento y nos íbamos a comer todos juntos. Ahora también nos reunimos el último viernes de cada mes. Nos toca la próxima el 27 de mayo. No es como últimamente en el fútbol que el jugador va cada uno para su parte. Ahora es verdad que uno está dos o tres años en un club y antes estábamos diez o doce años. Eso te hace arraigarte más”




BETIS-ATHLETIC CLUB: UNA DE LAS MEJORES FINALES DE LA HISTORIA


El próximo 25 de junio se cumplirán 45 años del segundo título que el Real Betis Balompié consiguió para sus vitrinas. En 1977, un grupo de jugadores humildes, pero muy trabajadores, con las ideas muy claras y dirigidos por un entrenador, Rafael Iriondo, del que siempre han dicho que fue un «adelantado a su tiempo» pese a su edad, lograron ganar la I Copa de S.M El Rey, bajo la denominación que se conoce en la actualidad, "Aquello duró dos o tres días".


Empezamos a una hora y terminamos al día siguiente", relata con ironía sobre lo intensa y larga que fue la final. "Los recuerdos son maravillosos. Te llevas mucho tiempo en el Betis, se te presenta una oportunidad de ser campeón de España y a la primera lo fuimos. Tengo un recuerdo maravilloso de toda la gente, de la afición, de directivos, de jugadores y del ambiente que hubo", añade. "Estuvimos dos veces perdiendo el partido. Apareció Javier López y empatamos el partido. La prórroga y los penaltis. Dos tandas, tiraron hasta los porteros y ahí tiramos penaltis todo el mundo. Lo tuve que tirar hasta yo", tiene presente el partido, rememoró el penalti que le tocó lanzar en la tanda definitiva “Se me pasó por la cabeza en ese momento que iba convencido de que lo iba a meter, pero siempre se te pasan por la mente errores, cuando vi a Iribar, claro. Fue el pionero de nuestra época y el mejor portero de España de todos los tiempos. Abría los brazos y parecía ocupar toda la portería, Son momentos en los que uno se tiene que armar de responsabilidad, de valor, de intentar ser lo más profesional posible. Hubo un momento que me dije 'lo voy a meter y punto'. Pero se te pasan cosas por la cabeza y te acojonas un poquito”. también vivió momentos muy especiales en la celebración. "En el vestuario fue la leche, porque entró todo el mundo". El presidente González, aficionados, entró todo el mundo. Era importantísimo porque no se ganaba ningún título desde el 35. Nos presentamos en el 77 y fuimos campeones. Aquello fue maravilloso, un desborde total. La afición de Athletic venía hasta con banderines de campeones y para nosotros fue un gran partido y una gran final, además la primera del Rey",

Era la cerradura de un equipo de mucha jerarquía. La génesis del Eurobetis: “Teníamos a jugadores de un altísimo nivel técnico y con mucho oficio, López, Alabanda, Cardeñosa, Biosca, Benítez… algunos ya habían jugado con la selección española. También estaba en la plantilla un monstruo como Rogelio. Ya tenía 33 años y jugó muy poco esa temporada. Pero era un maestro distribuyendo juego, un gran golpeo a balón parado y una calidad enorme.


Una pena que no pudiera jugar la final porque se merecía levantar la Copa. Y también estaba en la plantilla un jovencísimo Gordillo, con 19 añitos. Ya había jugado alguna eliminatoria copera con el filial”, recuerda el coriano verdiblanco. “El entrenador, Rafael Iriondo era una persona sensacional. Como jugador había sido un fenómeno. Siempre le recuerdo en el vestuario, ante la pizarra, con una tiza en una mano y un purito en la otra”. El equipo andaluz no podía alinear en la final a sus jugadores foráneos, el holandés Mühren y el húngaro Ladinski. Así lo determinaba el reglamento. Tampoco al lesionado oriundo Eduardo Anzarda, argentino y nieto de vizcaínos. Aquel equipo había quedado quinto en una liga que ganó el Atlético de Madrid. Y al Betis le hacía especial ilusión jugar una final copera.



El de Coria destacó, por encima de todo, la trascendencia que tuvo su paso por el Betis, agradeciendo a la institución y a la afición el apoyo y el cariño recibido durante los 19 años que perteneció a la disciplina verdiblanca. Le trae recuerdos de los compañeros, amigos y corianos en la aventura de sus inicios en los escalafones inferiores como, Antonio Arnao, Cárdenas y sobre todo Franco Llano, hasta que sus caminos se separaron, "He tenido la fortuna de que el Betis me diese la oportunidad de ser jugador durante 11 años. Estoy muy contento de la afición y del club por darme esa oportunidad. El Betis es algo muy importante en mi vida. Lo más importante futbolísticamente hablando, porque venía a un equipo con una afición extraordinaria. Un equipo que tenía y tiene la suerte de ganar algún que otro título" “El fútbol ha evolucionado mucho, pero sobre todo en dos aspectos importantes, en la táctica y en la preparación física. El futbolista está ahora muchísimo mejor preparado. Posiblemente los futbolistas de antes fueran técnicamente mejores, seguramente porque jugábamos en patatales. ¡Ojalá nos hubiéramos encontrado campos como los de ahora! Teníamos más dificultades para todo, para entrenar, las botas, y los balones, que cuando se embarraban pesaban siete kilos», explica.


En cuanto a la situación actual del equipo, Biscocho señaló la importancia que tiene la continuidad de Manuel Luis Pellegrini en el banquillo del Villamarin. Ya que, con el técnico chileno, el Betis podrá volver a competir por los puestos de arriba del fútbol español. "El techo de los equipos nunca se sabe dónde está. Lo han ido haciendo cada día mejor, están en un momento muy bueno, le han dado oportunidad para que esté más años aquí y eso demuestra que las cosas se están haciendo bien para que el Betis esté más cerca de los grandes. Hoy el fútbol es un negocio y hace falta más dinero. Antes traíamos gente de segunda división que triunfaba plenamente en el primer equipo y ahora eso es más difícil" también expresa “Me gustaría tomarme un café con él, me parece una persona interesante, y solamente lo escucharía Después le preguntaría algunas cuestiones que tienen que ver con la conducción, manejo, la parte táctica que son cosas que mí me interesan, con esos entrenadores uno aprende“.


Recordó el ser que no deja de promover los aprendizajes que obtuvo, entre otros, de Esteban Areta. Antonio Barrios, Rafael Iriondo, José Luis García Traid, León Lasa Múgica, Luis Cid Pérez, Carriega, y, por supuesto, su gran maestro: Ferenc Szusza. Trajo a España la corriente de los entrenadores del Este. Era una metodología de entrenamientos basada totalmente en el balón y en los espacios reducidos. Se trataba de un patrón diferente a lo que había entonces. En España, los entrenadores mayores tenían un segundo que adoptaba los métodos clásicos de aquel, como también hacían los jugadores que luego se dedicaban a entrenar. No se innovaba. Con el entrenamiento intenso y en espacios reducidos con balón, se notaba la preparación tanto en el físico como en lo técnico” En resumidas cuentas, Bizcocho era el jugador que todo entrenador quiere en sus equipos, sacrificado, cumplidor, luchador….un jugador que hace que brillen los demás, un hombre de club, que además puede presumir de ser uno de los mejores laterales derechos que ha tenido el Betis en su historia, ha habido otros más brillantes, pero que hayan tenido la presencia, la constancia y hayan dado gran rendimiento durante tantos años, como el de Coria ninguno.


19 años perteneciendo al Betis, Fueron un recuerdo increíble, hasta hoy recibo mensajes de los béticos felicitándome por mi carrera y el paso por el club, pero yo soy el que tengo que agradecer a la afición y al club por haberme proporcionado vivir algo que yo jamás había imaginado. Sentir esa pasión, ese sentimiento bético y ser parte de su historia. Sin duda la historia del Real Betis no es la de los vencedores que salen airosos de cada adversidad, sino más bien parece una odisea cargada de claroscuros. Es el camino de los que no claudican, porque el balón siempre puede volver a rodar.



Bizcocho fue un buen profesional en un club singular, donde se ganó el respeto de todos sus colegas. Vivió el fútbol en todas sus caras: ganó títulos, ascendió y descendió. Bailó y lloró. Lo hizo lo mejor que supo y lo hizo bien. “Siempre fui muy consciente de mis limitaciones. En lugar de echar de menos lo que no tenía, aprovechaba lo que sí tenía. Hoy lo digo: jamás pensé que iba a vivir como ahora vivo. Sí, a base de esfuerzo, no te lo niego; y de trabajo. Cuando me retiré y colgué las botas de fútbol lo más alto posible. Y me dije: tú has sido, ya no eres. En ese momento dejé de ser futbolista y busqué nuevos retos. No se puede vivir de los recuerdos. El error está en creer que sigues siéndolo cuando ya no lo eres, cuando los únicos que son, son los que están ahora y mañana serán otros. Yo me fui y se acabó”, Ese amor por el fútbol que le inculcaron a Bizcocho, “una pasión que solamente termina con la vida”, fue incrementando con sus partidos en el Villamarin y con lo que califica como la “emoción deportiva más grande mi vida” para el, las señas de identidad que debes guiar a la entidad en este camino, “El Betis es un equipo que tiene su propia identidad. Creo que somos rebeldes con causa. Hemos estado arriba, hemos estado abajo, pero creo que la gente ha seguido fiel a sus colores y eso es lo que engrandece a este club”. Su sueño como bético y coriano le gustaría que se convirtiera en realidad a corto plazo. “Volver a ganar la Liga. Ese sería el mayor triunfo. Estar por encima del resto, y a los corianos que ascendamos este año en su centenario”, define al Betis en tres palabras “Escudo, Cantera y Sentimiento” Aparte se queda con esta de Pedro Buenaventura: “Una cosa es el fútbol y otra el Betis. Si no existiese el fútbol, existiría el Betis”.


Fotografías: Toni Navarro

Nunca te gustaron las celebraciones, mucho menos las despedidas. Desgraciadamente, aquel año de 1981, solo había un protagonista en esa camiseta gigante con tu nombre sobre el césped, en esa pancarta con tu retrato desplegada entre la grada, en las bufandas verdiblancas con tu dorsal y en las lágrimas de todos los aficionados al fútbol. Seguro faltaron compañeros, jugadores, amigos… Faltaron manos para alzar las banderas al aire del Villamarin. No Faltaron palabras, gritos, palmas y cánticos porque en tu adiós de tu casa pudo aunarlos a todos ellos en tu despedida como jugador del Betis “Me fui con la alegría de haber conseguido el sueño de cualquier niño: llegar al Real Betis, mantenerme durante muchos años y terminar la carrera en este gran club, ¿qué más se puede pedir? Por ello, aunque el adiós tenga a veces connotaciones tristes, yo me fui contento, satisfecho y con la cabeza bien alta”. La reflexión de un hombre cabal.

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