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  • Toni Navarro

Entre Coria y La Puebla, el río

En Coria del Río, como en las vecinas Gelves y La Puebla, podemos asistir a un espectáculo que se repite varias veces al día en ambos sentidos del Guadalquivir pero que es único en España: la maravilla de ver desde la orilla, a pocos metros, un barco mercante o un crucero partiendo las aguas tierra adentro cuando sube la marea, camino del puerto de Sevilla o del Atlántico. Llega silencioso, pasa con su casco colosal recortándose contra el muro de álamos de la orilla de enfrente, y lo vemos alejarse, hasta perderse a la vuelta de un recodo. Ver a un barco en acción en el único curso fluvial navegable del país (y lo es desde hace miles de años) es razón bastante para acercarse a Coria a darse un paseo a la caída del sol este agosto.


Fotografías: Toni Navarro

Habrá quien venga en coche, pero también se puede coger el autobús desde Sevilla, o el metro hasta la parada de San Juan Bajo y allí trasbordar al bus que lleva a Coria. En la entrada del pueblo empieza el paseo fluvial por el que iremos caminando unos cuatro kilómetros y medio siguiendo la corriente hasta la vecina La Puebla del Río, mientras la luz vespertina se va dorando, dorando, y la lámina de agua se enciende con las escamas de los reflejos del sol que declina.


Fotografías: Toni Navarro

Dependiendo de si ha subido o bajado la marea el río discurre imponente o más lánguido, dejando a la vista el barro marginal. Las viejas barcas para pescar camarones o angulas (estas últimas de captura prohibida por diez años desde 2009, para evitar su extinción) se suceden en la orilla de Coria formando perfectas estampas como de los mejores cuadros costumbristas del siglo XIX. Junto a ellas flota una desvencijada plataforma que sirve de taller para pequeñas reparaciones navales y que parece salida del ambiente decrépito y fascinante de la Santa María imaginaria donde el uruguayo Juan Carlos Onetti situó sus novelas del Río de la Plata, como El astillero o Junta cadáveres. ¿Cuántas historias habrán sucedido y se habrán contado ahí dentro pescadores y carpinteros de ribera, mecidos por el río, desde hace tanto tiempo?


Fotografías: Toni Navarro

Dónde

El paseo fluvial de Coria conecta con un camino de tierra que lleva hasta la vecina La Puebla

Este río arrastra tanta Historia como limo. Una capa de los aluviones del pasado procede de Japón y del ya popular episodio del embajador Hasekura Tsunenaga, que desembarcó en Coria en 1614 procedente del país del sol naciente en la primera misión diplomática de su país en Europa occidental, y cuyos expedicionarios, echando raíces y semen en la zona, dejaron de herencia hasta hoy el apellido Japón. Una escultura del samurái recuerda aquel hito en el paseo Carlos de Mesa, lo mismo que los cerezos, uno de ellos plantado en junio de 2013 por el heredero de la Casa Imperial de Japón, el príncipe Naruhito.


Fotografías: Toni Navarro

Qué ver

Es delicioso cruzar el Guadalquivir en barcaza; el paisaje de las orillas es materia de novela

En el embarcadero, frente a la tasca ante la que los pescadores de fortuna venden sus albures por la mañana recién sacados del río (en adobo, especialidad local, son barata delicatessen), nos desviamos un rato para cruzar a la otra orilla en la barcaza, de pie junto a coches, tractores y motos de los agricultores que van a trabajar enfrente. Son cinco minutos deliciosos.


Fotografías: Toni Navarro

A la vuelta a Coria, seguimos andando aguas abajo, salvamos el cauce del arroyo del Repudio por el puente de la calle Caridad y continuamos hacia La Puebla por la calle Arrozal, que es un camino de tierra entre álamos que en primavera se cubre de yerba y flores. El cielo y el agua en movimiento, cuajada de tierra, favorecen la reflexión: sentémonos en el pantalán de La Puebla para pensar quiénes somos y adónde vamos. Muchos de los suicidas de la zona eligieron como vía de escape arrojarse al río. Pero mirando alrededor, con la vida en calma, sentimos un bálsamo que invita, por el contrario, a seguir viviendo.


Fotografías: Toni Navarro

Así que reanudamos el paseo, vuelta atrás por el mismo camino, contracorriente, hacia Coria. Con suerte, veremos ese barco mercante maltés, panameño, español o ruso que llega o se va, tan cerca; en la página de Internet del puerto conoceremos sus horarios, su bandera, su mercancía y su origen y destino. Si algún día hacen el dragado de profundidad que propone la Autoridad Portuaria, y que se mantiene en suspenso a la espera de asegurar que no dañaría el ecosistema fluvial y sus orillas, vendrán buques mayores, de hasta 7,6 metros de calado respecto a los actuales de 6,5. Tiene algo de surrealista: estás en un paisaje antiguo y de repente desfila ante ti una pequeña ciudad flotante.


Fotografías: Toni Navarro

Nos vamos, pero volveremos. La próxima vez, el el río seguirá en su sitio, y los pájaros, y el cielo: pero el que se asomará a sus aguas será diferente. Más viejo. Ojalá más sabio.

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