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  • Toni Navarro

El Hospital San Juan de Dios del Aljarafe reanuda su taller de control de dolor crónico.

Se trata de la novena edición de este taller que se viene realizando desde 2016 y por el que han pasado ya 134 pacientes.


El Hospital San Juan de Dios del Aljarafe ha lanzado una nueva edición del Taller de Manejo Integral del Dolor Crónico no Oncológico en el que participan un total de 25 pacientes.



La causa del dolor crónico en los pacientes participantes en estos talleres es diversa: enfermedades degenerativas, migrañas, fibromialgia, dolor musculo esquelético, neuropatías, etc., pero en todos los casos el dolor se convierte en una enfermedad invalidante. “Los pacientes buscan disminuir su dolor, no depender tanto de la medicación y mejorar el afrontamiento de su enfermedad y su estado de ánimo”, explica la doctora Victoria Ruiz responsable de este taller.


El objetivo de este taller es aportar herramientas para obtener una mayor autonomía en el control y manejo del dolor, asumiendo así un papel mucho más participativo frente a su enfermedad, tratamiento y evolución. “El taller se enfoca en esto y aunque aún no se ha acabado, los pacientes participantes empiezan a controlar su nivel de dolor con las técnicas que les hemos enseñado”.


El dolor crónico puede ir acompañado de una serie de síntomas, de los que los más frecuentes son ansiedad, problemas hormonales, trastornos de los sistemas inmune y gastrointestinal, disminución de la movilidad, trastornos del apetito y del sueño, etc. Todo ello conlleva una disminución en la calidad de vida de la persona que lo padece que interfiere con sus actividades diarias, por lo que también se afecta la capacidad para el trabajo del paciente con dolor crónico.


Abordaje integral del dolor

En las últimas décadas, el estudio del dolor y su tratamiento se desarrolla desde la perspectiva de diversas disciplinas como el análisis bio-psicológico, el tratamiento multidisciplinario, las teorías sobre neuromodulación, el aspecto paliativo y las estrategias psicológicas, entre otras.



A través de la anestesia psicológica es posible disminuir considerablemente el dolor conservando otras sensaciones, como el tacto, algo que se consigue con la práctica y con un deseo explícito, a través del pensamiento y de técnicas de control respiratorio, de insensibilizar una parte del cuerpo o todo él.

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