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  • La Voz de Coria

Comerse el mundo de nuevo tras un maltrato

Actualizado: 12 ene 2022

Supervivientes de violencia de género reciben formación digital en la Fundación Ana Bella con el Programa Edyta y vuelven a perseguir sus sueños.



En los ojos de Sol se aprecia la ilusión, la felicidad, los nervios de un nuevo comienzo. Los últimos años no han sido fáciles, por eso mismo, conseguir su sueño cobra especial relevancia. En la mesa en la que se ha sentado los últimos meses en la sede de la Fundación Ana Bella, todas sus compañeras tienen esa misma mirada. Y es que toda superviviente de violencia de género se ha sentido en algún momento pequeña y ellas ahora se saben fuertes.


«Ana Bella es mi otra madre, estuvo ahí cuando me vi sola, sin familia, sin nada, buscando un piso para mi hijo y para mí», cuenta la brasileña Sol, «tras escuchar tantas veces que no valía nada, ya creía que era verdad. Ahora soy más grande que todo esto, y tengo una frase para seguir siempre: yo quiero, yo puedo y yo lo hago».



Los reveses no han dejado de aparecer en su vida. Cuando en 2019, ya separada, se planteó un negocio tras estudiar decoración e interiorismo, le diagnosticaron un cáncer. Y en pleno tratamiento, irrumpió la pandemia. Este año sacó fuerzas de flaqueza cuando desde la fundación le hablaron del programa Edyta, un aula de formación digital para el empleo impulsada en la entidad por la Fundación Orange. «Cuando llegué aquí lo único que sabía era encender el ordenador, abrir mi correo y Google», revela. Ahora ha puesto en marcha la empresa Arcuirez-Box, de decoración y eventos, con proyección en toda España y muy presente en redes.


«A través del Programa Edyta, no solo hemos trabajado competencias digitales sino también otras transversales como la autoestima, la autonomía, la cohesión de grupo o la resolución de conflictos», cuenta la formadora Almudena García. Además se ha enriquecido con otros talleres y conferencias.

El apoyo de la Fundación Ana Bella a mujeres víctimas o supervivientes de violencia de género se sustenta en dos grandes programas. Por un lado, el programa Amiga, desde el que se trabaja a nivel emocional y de recursos; y por otro, el programa Escuela, desde el que se ayuda a las que las necesiten en la reinserción laboral, con el apoyo de la Junta de Andalucía y del programa Incorpora de la Fundación «la Caixa». Dentro de este último, se sitúa el Aula Edyta, por el que en Sevilla de forma telemática han pasado 40 alumnas y de forma presencial 9 alumnas. En toda España la Fundación Orange ha llegado a más de 190 mujeres en situación de vulnerabilidad con 15 aulas como esta.


De las nueve alumnas que han asistido desde el pasado octubre, la piña que forman entre todas es visible. Se apoyan en las caídas y se alegran de sus éxitos, como de la primera compañera que ha encontrado trabajo en su profesión. Fue la trabajadora de la inmobiliaria con la que iba a vender su casa la que le puso en contacto con la fundación, viendo la situación en la que se encontraba. «Era en la pandemia, y con todo paralizado no podía trabajar; me sentía invisible, no le importaba a nadie, pero en la fundación me levantaron y me ayudaron a mover mi currículum», explica, agradecida, y visiblemente emocionada. Por otro lado, Raquel, con trabajos intermitentes de ayuda a domicilio, ha vuelto a estudiar el diseño de joyas y esmaltes, lo que realmente le gusta. «Desde la fundación tienen un seguimiento, siempre están pendiente de ti, incluso en la pandemia me hicieron llegar frutas y verduras y ayudas económicas para mi y mis tres hijas», cuenta.


En el caso de una de las compañeras del aula, que prefiere no dar su nombre, fue el mismo Guardia Civil que la atendió en un episodio de maltrato quien le dio el contacto de la entidad, a donde llamó en pleno confinamiento: «Cuesta recocer lo que te está pasando con tu pareja, pero luego te alegras de haber dado el paso». El confinamiento de marzo de 2020 supuso un agravamiento de los casos atendidos por la Fundación Ana Bella. «Piensa que estuvieron confinadas con sus maltratadores, no tenían ningún espacio donde sentirse seguras», aclara Almudena.


Dar el paso no es fácil, ni tampoco lo que viene después. Recuperar la autoestima, antes que nada, y volver a un mundo laboral. Pero la Fundación Ana Bella ya ha ayudado a más de 40.000 mujeres a conseguirlo. En este aula todas coinciden en que fue la mejor decisión de su vidas. «Cuando hablaba con algunas vecinas de dejar a mi marido me aconsejaban esperar a que mi hijo fuera mayor», recuerda Sol, «tenía solo tres años». Pero, por suerte, ella siguió con su decisión. «Conseguimos una habitación chiquitita, llena de humedad, que olía a cloaca; mi niño tenía pesadillas, y yo lloraba y lloraba mientras seguía trabajando limpiando casas para ser independientes», recuerda sin temblarle la voz, porque superaron aquello y ahora ella ve en su hijo de once años a un chico fuerte, que no ha crecido viendo una relación nada saludable. «Él es todo lo que una mujer quisiera como marido», presume orgullosa.


«Desde la fundación queremos visualizar siempre que pueden volver a ser felices, tener sueños y hacer lo que quieran en la vida», cuenta Almudena, orgullosa de unas alumnas con un potencial enorme.

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